martes, 26 de marzo de 2019

juntoalmuelle. ¿DESANIMO...?

Cuando estamos desanimados, hemos perdido la motivación para seguir adelante. La montaña parece demasiado empinada, el valle demasiado oscuro, o la batalla demasiado intensa, y perdemos el coraje para continuar.
En muchos lugares en las escrituras, Dios ordena a su pueblo a esforzarse y cobrar ánimo (Salmo 27:14; 31:24; 2 Crónicas 32:7; Deuteronomio 31:6). Cuando Dios escogió a Josué para sustituir a Moisés como líder de los israelitas, algunas de Sus primeras palabras a Josué fueron "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Josué 1:9). El Señor fundamentó este mandato en su anterior promesa a Josué en el ver.5: "Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé". El Señor sabía que Josué iba a afrontar algunas batallas grandes y no quería que Su siervo se desanimara.
La clave para vencer el desánimo es recordar las promesas de Dios y aplicarlas. Cuando conocemos al Señor, podemos pararnos en las promesas que Él le ha dado a Su pueblo en Su Palabra. Si podemos o no ver el cumplimiento de esas promesas en esta vida, Sus promesas siguen vigentes (Hebreos 11:13-16). Este conocimiento hizo que el apóstol Pablo prosiguiera, predicando el evangelio y eventualmente terminando en una cárcel romana donde perdió la vida. Desde la cárcel, escribió, "prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Filipenses 3:14). Él pudo continuar en medio de la persecución, rechazo, golpes y desánimo, porque sus ojos estaban en el premio definitivo: escuchando de su Señor y Salvador las palabras "¡bien buen siervo y fiel!" (Mateo 25:23; Apocalipsis 22:12).
El desánimo puede ser una luz de advertencia para nosotros que hemos perdido nuestro principal objetivo. Cuando nos sentimos desanimados, es de gran ayuda estar a solas con el Señor y permitirle que examine nuestros corazones y nuestras motivaciones (Salmo 139:23).
El salmista no era ajeno al desánimo, y su respuesta fue recordar a Dios y confiar en las promesas de la palabra: "¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí;
Me acordaré, por tanto, de ti…" (Salmo 42:5-6).
Dios bendiga tu vida y cobres animo en Él en este día.
Fabián Lourenzo-Viedma, Río Negro.


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